VIA CRUCIS

No sé qué viste en mí (Estación I)
Ahí estás Tú, esperando la sentencia en silencio.
Se alza un grito entre la gente,
que prefiere a un criminal antes que a ti.

Y allí estás Tú, tan llagado que cuesta reconocerte,
entre burlas e insultos, sin amor sin amigos,
hemos huido todos de la cruz.

Pues yo también he sido uno de ellos
,
he preferido cualquier cosa antes que a ti,

te he dado la espalda un sinfín de veces,
no he dejado que te muevas en mí
,
y aun así dices que me amas, no sé qué viste en mí.

¿Qué viste en mí? Sabes que yo no merezco tanto,
pero yo necesito, tu amor infinito
.
Por favor, no me dejes sin ti.

Ayúdame a que valga la pena
,
he he dado cuenta que no puedo estar sin ti
.
Que valga la pena: que viva tu condena,

junto a María de rodillas ante ti.

Perdóname, ahora aquí me tienes, derramado a tus pies.

Sé que cometí el error de anteponer a tus caminos la razón.
Sé que volveré a caer, más de mil veces fallaré a tu perdón,
y aun así dices que me amas, no sé que viste en mí.

1. No sé qué viste en mí (Estación I)
Autor: Pablo Pons y Nacho Martín de la Torre
Compositor: Pablo Pons
Intérpretes: Nacho Martín de la Torre y Cristina López de Corral

Queridos Amigos y Amigas, soy Nacho Martín de la Torre y he tenido la suerte de escribir y componer parte de la primera estación del Viacrucis, junto mi amigo Pablo Pons, que fue quien la empezó y me pasó el relevo (todo un honor y una suerte, claro). El primer Viacrucis cantado, que, si “El de arriba” quiere, va a cambiar el mundo. Esto, por supuesto, no me confiere ningún tipo de mérito, porque, simplemente, he sido instrumento de Jesús, pero sí, mucho orgullo y mucha satisfacción.

Estación 1: “Jesús es condenado a muerte”. 

Señoras y Señores, aquí empieza todo. La muerte de Jesús en la cruz ha sido el mayor signo de amor que alguna persona ha podido hacer en la historia de la humanidad. Jesús, hecho hombre, sufre una injusta condena, por amor. El amor infinito que nos tiene a ti y a mí. El objetivo del viacrucis es ayudarnos a vivirla junto a Él. Junto a su madre.  Ayudarles, abrazarles y consolarles, hoy y ahora. Porque para Él no hay tiempo.

Esta canción intenta transmitir un mensaje que muchas veces nos dicen, algo muy teórico y, a veces, tan obvio que no somos capaces de creernos, a pesar de ser muy real. Dios, nos quiere. Mucho. Nos quiere tal y como somos. Con locura. Por el mero hecho de ser hijos suyos. Por nacer. Por vivir. Sin hacer nada a cambio. Sin merecerlo. A pesar de que ese amor, la mayoría de las veces, no sea recíproco, nos quiere; a pesar de renegarle, nos quiere; a pesar de no tenerle en cuenta, nos quiere; a pesar de nuestros fallos, nos quiere; a pesar de nuestra imperfección, nos quiere; a pesar de nuestra pequeñez, debilidades y pecados, nos quiere. Y punto.

A cada uno de nosotros, por separado. Somos especiales para Él. Tú eres especial. Yo soy especial. Esto es así. De verdad. Él nos engrandece. Él nos acompaña en nuestra libertad. No se aparta de nuestro lado. Y se lo debemos todo. Él nos necesita a su lado. Y nosotros a Él, mucho más.

Y por esto, por favor, que te elijamos a ti, Señor. Libremente. Siempre.

Mi peso en tus hombros (Estación II)
¡Pero qué hace ahí tirado, dejando que le aten un madero a las espaldas!
Si es Dios… ¿Qué hace ahí? ¿Por qué está ahí?

Él quiso morir atado a nuestro peso en sus espaldas.
Y Tú te ataste a mí, te ataste a mil.

Hoy quiero decirte, Señor,
que te doy las gracias,
que recuerdo mi peso en tus hombros,
pues lo único que te ata al leño es tu amor.

No puedes dejar de atarte,

ni de tomarte tan en serio mi pecado:
¡sólo quieres verme liberada!

No es un “amor de quita y pon”;
me quieres como un ciego apasionado.
Señor, contágiame de tu pasión.

Hoy quiero decirte, Señor,

que te doy las gracias,
que recuerdo mi peso en tus hombros,
pues lo único que te ata al leño es tu amor.

Unos tontos te atamos a un madero, otros ignorándote;
arrastrados por el placer, por la muerte nos dejamos vencer.
¡Y tan fuerte es tu amor, que no te puedes desatar!
¡Y aún conociéndome, no me puedes dejar de amar!

Hoy quiero decirte, Señor,
que te doy las gracias,
que recuerdo mi peso en tus hombros,
pues lo único que tengo es tu amor.

2. Mi peso en tus hombros (Estación II)
Autor: José Pedro Manglano
Compositor: Sofía Poch
Intérprete: Sofía Poch, Iñigo Guerrero y Nacho Martín de la Torre

Jesús carga con la cruz. Dios carga con la cruz… Conmigo, mi pecado, cada vez que le rechazo. Carga con MI peso, porque quiere, por amor. No quiero olvidar que yo pongo ese peso

Esta canción la escribí con ganas de querer entender el misterio de esta carga por amor. Quiero decirle a ese Loco que sé lo que esa cruz es para Él… Aunque los dos sabemos que eso no es posible… Aún así sé que le gusta que se lo diga

Ahora poco puedo cambiar lo que hiciste por mí, pero no quiero dejar de decirte que a menudo lo pienso, que te doy las gracias, y si me ayudas, quitarte un poquito de ese peso.

Paraísos sin tu rostro (Estación III)

Busqué paraísos sin tu Rostro,
horizontes sin tu Luz.
Pinté de colores mis pecados;
pero el cielo no era azul.

Caí, resbalé en la noche y vi
un abismo grande en mí.

Regálame la vida, otro Cielo más,
un futuro junto a Ti.
Seguiré tus pasos, seguro,
me levanto siempre en Ti.

Soñé que me alzabas con tu mano,
me librabas del temor.
Sentí mi camino más ligero,
llevadero mi dolor.

Caí, resbalé en la noche y vi
un abismo grande en mí.

Regálame la vida, otro Cielo más,
un futuro junto a Ti.
Seguiré tus pasos, seguro,
me levanto siempre en Ti.

Dame Tú la vida, otro Cielo más,
un futuro junto a Ti.
Seguiré tus pasos, seguro,
me levanto siempre en Ti.

Resbalé en la noche y vi
un abismo grande en mí.
Sé mi luz para salir.

Me levanto siempre en Ti.

3. Paraísos sin tu rostro (Estación III)
Autor: Luis Poveda
Compositor: Luis Poveda
Intérprete: Cristina López de Corral

Allí no estabas Tú. Fueron paraísos de hojalata, caricaturas, mentiras, máscaras de alegría: paraísos sin Tu Rostro. Sentí pavor mirando tu horizonte. Mirando aquella cruz patibularia bajo el cielo. Corrí como un cobarde enajenado, huyendo de la fuerza de un Amor incomprensible.

Busqué caminos diferentes, calvarios a medida, puertas más sencillas para entrar en el Cielo. Huí de tu mirada apasionada, del abrazo enamorado del madero. Perdí toda mi herencia, mi tesoro. Paraísos asesinos, sin Tu Rostro.

Galopé por el mundo locamente, ebriamente, tristemente… Respiré el hedor mortal que rezumaban mis pecados. Rebusqué como un demente en cada charca, navegando en las cloacas del horror y del cansancio. Caí, caí, caí sin Ti hasta el fondo. Resbalé por un abismo monstruoso y solitario. No hubo Vida, ni hubo Cielo, ni Futuro. Paraísos asesinos, sin tu Rostro.

Y llegó tu mano a tiempo para alzarme nuevamente. Me limpiaste, frente a frente, como a un niño sin pasado. Acepté rendido el beso y el abrazo. Consolaste mi amargura, cancelaste mi pecado… 

Y en tu Luz llevé la Cruz hasta el Calvario. 

Un Dios débil (Estación IV)

Esto sí que lo entiendo,
y como me gusta ver un Dios débil,
niño desnudo en tus brazos;

y rehén aplastado por la cruz y en agonía,
pero siempre necesitado de ti María.

Como cambia el espíritu de un niño una noche de miedo
cuando se arropa bajo las sábanas de su madre.
Estás ahí, te necesito
.
¡No te vayas! ¡No te vayas!

Tu calor, tacto, vista, tu cercanía;
no cambia nada y lo cambias todo. (X2)

Esto sí que lo entiendo,
y como me gusta ver un Dios débil,
naturalmente débil
.
Un Dios necesitado de compañía,
de una madre, de mirada y cercanía.

Como cambia el dolor del enfermo
cuando entrelaza sus dedos con los de otra mano conocida.
Estás ahí, te necesito
.
¡No te vayas! ¡No te vayas!

Tu calor, tacto, vista, tu cercanía
;
no cambia nada y lo cambias todo. (X2)

En un momento difícil, todos piden, llaman, gritan:
¡queremos recibir tu consuelo!
Sabernos acompañados por una madre inseparable.
¡Ojalá tus hijos te sientan a su lado!

Tu calor, tacto, vista, tu cercanía
;
no cambia nada y lo cambias todo. (X2)

4. Un Dios débil (Estación IV)
Autor: José Pedro Manglano
Compositor: Borja Martínez
Intérprete: Gonzalo Vázquez, Blanca Alesanco, María Soria, Tere Borrego, Borja Martínez, Nacho Martín de la Torre y Jaime Echánove

“Un Dios débil”  nos muestra a un Dios hecho perfecto hombre. Perfecto hasta el punto de sufrir el dolor y el peso de cargar con la Cruz. Esa fragilidad se hace latente en su perfecta humanidad. Nos quiere tanto que quiere padecer esa debilidad, por amor. Sin embargo, también nos entrega un regalo: nos da a su madre. Él mismo se hace ejemplo reconfortándose en un simple cruce de miradas con Su Santísima Madre que sufre en ella misma el dolor de su hijo.

Es una llamada a la generosidad, a darnos al que sufre, al débil, al necesitado. Y cuando suframos nosotros mismos ese sufrimiento, podremos encontrar también consuelo en Su Madre, nuestra Madre, la escalera para llegar al cielo.

Cirineo (Estación V)

¿Quién ayuda a quién?
¿Quién me abrió los ojos a la eternidad?
¿Quién lavó con sangre mi fragilidad?
¿Quién me ama hasta la muerte de verdad?

¿Quién abraza a quién?
Qué ligero el peso si lo llevas Tú.
¿Cuánto suman dos miradas y una Cruz?
Quiero ser un Cirineo de Jesús,
quiero ser tu Cirineo, mi Jesús.

Dame tu vida, Señor,
dame tus brazos, tu voz.
Sobre la Cruz, mi corazón
se hace grande en tu dolor,
por amor, por amor…

¿Quién espera a quién?
¿
Quién me llama por mi nombre como Tú?
¿Quién amó su noche para darme luz?
Quiero ser un Cirineo de Jesús,

quiero ser tu Cirineo, mi Jesús.

Toma mi vida, Señor,

toma mis brazos, mi voz.
Sobre la Cruz, mi corazón
se hace grande en tu dolor,
por amor, por amor…

Toma mi vida, Señor,
toma mis brazos, mi voz.
Sobre la Cruz, 
mi corazón
se hace grande en tu dolor,
por amor, por amor…

5. Cirineo (Estación V)
Autor: Luis Poveda
Compositor: Luis Poveda
Intérprete: Luis Poveda y Álvaro Echánove

Quiero ser un Cirineo de Jesús. Acercarme al rastro mudo de su sangre. Retemblar con su dolor bajo el madero. Sentir los salivazos, los insultos, los gritos asesinos de los que fueron curados. Morirme de pena con Él. Resbalar, caerme, alzarme de nuevo. Volver a mirar. Llorar por Él y por mí mismo, por toda Jerusalén, por la Tierra entera. Avanzar, avanzar abrazándome a tu Cruz. Quiero ser un cirineo de Jesús. Comprobar que el corazón se me hace grande y más ligero, que mi alma se agiganta con el ritmo de tu aliento, que te ayudo y no te ayudo, que no hay peso en esta Cruz.

Quiero ser tu Cirineo, mi Jesús. Ofrecerme todo entero como un loco enamorado, encontrar en ti la Vida y encontrarme en cada paso, arrojar en esta noche la potencia de tu Luz. Quiero ser un Cirineo de Jesús.

Verónica (Estación VI)

No hay en Él parecer
,
no hay en Él hermosura
,
no hay belleza alguna
capaz de atraer nuestra mirada.
No hay un rostro que agrade,
desfigurada la cara,
conocedor de quebrantos,
menospreciado, estimado en nada.

Éste es el Hijo de Dios
,
que carga con nuestras culpas.
Misericordia encarnada
,
¡limpia mi pobre interior!
Yo sólo quiero vivirte,
amar y dejarme amar…

Que enjugue cada gota de sangre

que acaricia tu frente.
Ínfima y pequeña, entrega consumada,
amor de sangre: ¡Mi amante!
Transfórmame en tu paño,
tatúame tu rostro
,
empápalo sin miedo, ahógalo en tu sangre.
Que sea yo tu paño, es mi íntimo deseo,
¡tengo sed de cada gota!

Que sea esa gota,
que en su pequeñez
,
siendo tan sencilla refleja lo bello del universo.
¡Que limpies mi yo
, y no dejes nada
!
Yo te lo suplico tatúa tu rostro en mi alma

Éste es el Hijo de Dios,
que carga con nuestras culpas.
Misericordia encarnada,
¡limpia mi pobre interior!
Yo sólo quiero vivirte,
amar y dejarme amar…

Que enjugue cada gota de sangre

que acaricia tu frente.
Ínfima y pequeña, entrega consumada,
amor de sangre: ¡Mi amante!
Transfórmame en tu paño,
tatúame tu rostro
,
empápalo sin miedo, ahógalo en tu sangre.
Que sea yo tu paño, es mi íntimo deseo,
¡tengo sed de cada gota!

6. Verónica (Estación VI)
Autor: Rafael de la Cruz y José Pedro Manglano
Compositor: Rafael de la Cruz, Iñigo Guerrero y Jaime Echánove
Intérprete: Martín Borrego, Álvaro Echánove y Cristina López de Corral

Esta canción resalta el valor infinito de cada gota de sangre que Cristo, Dios hijo, en su belleza y perfección plenas, derramó por cada uno de nosotros. Dios nos ama infinita y apasionadamente, muere y se entrega por nosotros y nuestros pecados. Dios nos espera y perdona todas nuestras caídas.

Queremos empaparnos, tatuarnos y ahogarnos en ese Amor infinito de Cristo. Que limpie nuestro corazón de egoísmos para que no quede nada propio y todo sea Suyo. Sólo Él puede saciar la sed de Amor de nuestro corazón. Que nuestra vida sea Suya para ser remanso en su Pasión. Que, como Verónica, seamos paño que limpie cada una de las gotas que corren por el Rostro de Cristo.

Y te caes (Estación VII)

Me vuelvo a caer, me invade el fracaso,

y no encuentro una razón para seguir.
Pero eres tan cercano que vienes a mi encuentro
porque sabes que yo solo no podré.

Y te caes para levantarme,
y limpias mis heridas con tu sangre.

Vuelvo a tropezar con la misma piedra,

y me cuesta hasta pedirte perdón
.
Me dices al oído que tú no me desprecias,
que tu amor no sabe lo que es el rencor.

Y te caes para levantarme
,
y limpias mis heridas con tu sangre
.
Y me miras para alentarme
,
sin palabras me das fuerzas para continuar.

Yo solía pensar que eras un Dios indiferente,
pero no, hoy me doy cuenta de mi error
.
Solía pensar que para ti yo era un extraño
,
y ahora sé, siempre has estado junto a mí.

Yo solo no puedo, yo solo no puedo
,
yo solo no puedo, ven Señor a rescatarme.
Yo solo no puedo, yo solo no puedo
,
yo solo no puedo, ven Señor a rescatarme.

Y te caes para levantarme
,
y limpias mis heridas con tu sangre
.
Y me miras para alentarme
,
¡sin palabras me das fuerzas para continuar!

7. Y te caes (Estación VII)
Autor: Pablo Pons
Compositor: Pablo Pons
Intérprete: Pablo Pons

Hay veces que nos preguntamos ¿dónde está Dios cuando me pasan cosas malas? ¿Dónde está cuando sufro? ¿Cuándo me caigo?

Esta canción habla de la respuesta a estas preguntas. Dios esta cayéndose al suelo sucio y pedregoso para venir a levantarnos y para decirnos “Te entiendo” “yo también he pasado por lo mismo”.

Ojala suscite la aceptación de la ayuda que nos quiere dar el Señor y también la paz del que se sabe acompañado por Jesucristo.

Jerusalem (Estación VIII)

Busqué sentido en cada piedra,
con lógica quise entender
por qué tu celestial Alteza
se rompió en Jerusalem.

Eres piedra donde tropieza
mi sentido y mi razón.
Martirio de un corazón,
que mira al cielo y reza.

Ojalá algún día pudiera
entender tu decisión,
de abrazarte a esa madera
y hacerla trono de tu Amor.

Quiero besarte las heridas

y ser el bálsamo de tu dolor.
Que por una vez tu caricia
me vuelva loca de amor.

Estaba sola y llena de reproches,
no había consuelo en mi corazón.
Y al cruzar nuestras miradas,
sentí tu perdón.

Mi dolor en tu flaqueza
encontró a su salvador.
Y estas lágrimas deshechas
hoy se encuentran con su Dios.

¿Por qué abrazas tu dolor?
¿Por qué te dejaste llevar?
¿Por qué al morir en una cruz compraste mi libertad?
¿Por qué lo hiciste Jesús? (X2)

8. Jerusalem (Estación VIII)
Autor: Gonzalo Vázquez
Compositor: Gonzalo Vázquez, Íñigo Guerrero y Jaime Echánove
Intérpretes: Bego Ruibal (Churri) y Gonzalo Vázquez

No soy capaz de entenderlo. El sinsentido de un Dios que se hace hombre y abraza una Cruz para salvarnos. Me surgen dudas al admirar atónito tal entrega de Amor. Mi corazón lloraba desconsolado al verte cargar con el peso de mi pecado.

Intenté entender porque Tu celestial alteza pudo escoger ese camino para conquistar mi libertad, mi salvación.

Pero en ese desconsuelo, en esa soledad, no quieres verme sufrir. Me buscas, Me persigues y me miras. Un encuentro con Tu mirada en el que tu huracán de amor, borra todas mis faltas. Tú el Dios de la alegría no quieres que la tristeza se apodere de mi corazón. En tu Calvario eres Tú el que me buscas para reconfortarme.

Cuando me comentaron si podía encargarme de la VIII. Estación la verdad es que me vi un poco descolocado. Ya me parecía suficientemente difícil entender de verdad el Via Crucis como para ponerle letra a una estación.

Al enfrentarme con la composición me empezaron a asaltar las preguntas. En la primera parte de la canción se muestra en una mezcla de dudas, frustración ante la incomprensión de lo que sufre por mi Jesús. Sin embargo al ir avanzando, empecé a entender un poco el misterio de esta estación, de como Jesús es el que consuela. El que me consuela a mí y no al revés que sería lo lógico.

En la segunda parte “empiezo” a entenderlo y saco el valor de querer ser yo el que le cuide o proteja.

La canción termina con una subida continua, como un grito al cielo mezcla de esa perplejidad, admiración y esperanza al asomarme al sinsentido de un Dios que es perfecto Amor, por mí.

¿Por qué? (Estación IX)

Qué fácil es caer una, dos y tres veces
llevando una gran cruz sobre ti.
En el punto más oscuro te levantaste y caminaste:
¿Qué pensaste para seguir hasta el final?

¿Por qué, mi Cristo roto, sigues?

¿Por qué cuando te desprecian tú aprecias?
¿Por qué cuando no se puede, Tú si puedes?
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Qué fácil es caer una, dos y tres veces
llevando una gran cruz sobre ti.
Levantabas al hombre caído
,
hacías nuevas todas las cosas,
nos dices así a todos: “Yo he venido para servir”.

¿Por qué, mi Cristo roto, sigues?
¿Por qué cuando te desprecian tú aprecias?
¿Por qué cuando no se puede, Tú si puedes?
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

¿Por qué, mi Cristo roto, sigues?
¿Por qué cuando te desprecian tú aprecias?
¿Por qué cuando no se puede, Tú si puedes?
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Yo quiero llevar tu cruz (X7)

9. ¿Por qué? (Estación IX)
Autor: Santiago Urgel
Compositor: Santiago Urgel
Intérprete: Casilda de Urbina, Cristina López de Corral

Cuando me dijeron de componer una estación del Via Crucis, me vino grande. Y más todavía cuando me dieron a elegir, la novena estación me vino demasiado grande.

El origen de esta canción comienza durante un viaje a Grecia haciendo la ruta de San Pablo. Tenía claro que la melodía de la canción tenía que ser muy cruda, simple y llena de pausas… Una noche del viaje, en una cala en la isla de Creta. Salió la melodía.

Es raro, porque por lo general, suele salir letra y música, suele ser automático para mí. Pero aquella noche, salió algo bonito.

Un mes después, tuve que poner letra a algo que no había vivido. Era un reto para mí. No podía escribirlo así por así, decidí leer sobre la Pasión, rezarlo en el Santísimo, cantarlo en casa y vaciarme para poder llegar a entender, algo que sigo sin entender.

¿Por qué?… ¿POR QUÉ?

Y es verdad, ¡qué fácil es caer una, dos y tres veces llevando una gran cruz sobre ti! Parece algo obvio pero va más allá: Nuestro Señor Jesucristo, sufrió y siguió hasta el final. Pudiendo haberse dejado morir en el suelo y decir ya está, siguió hasta el final ¿Por qué?

Llevando todo el dolor que no ha tenido ninguno de los hombres más que Él. Cargó con todos nuestros pecados, y aun cayéndose tres veces siguió hasta el final.

Es muy fuerte, pero… te caes una vez y te levantas. Te caes dos, y bueno… te levantas. Te caes tres… ¡Te caes tres y te levantas Señor!

Si Él vino para servir, yo quiero llevar su Cruz. Si Él lo hizo por mí, yo quiero llevar su Cruz.

Despojado (Estación X)

Déjame Señor poder estar
abrazado al madero de tu Cruz
.
No hay prueba de amor que pueda superar
lo que por mí hiciste Tú.

Déjame Señor poder sentir;

hace tiempo que no consigo llorar.
Mis pecados despojaron tu vestir
dejando a trozos tu dignidad.

Y ahora quiero subir

hasta la Cruz que Tú me das.
Gastar mi vida para ti
:
yo tengo sed de eternidad
.
Y ahora quiero gritar

hasta perder la razón.

Mi alma entera despojar
y como tú morir de amor.

Déjame Señor poder cubrir
el desnudo de tu cuerpo en soledad.
No tengo más manto para darte aquí
que un corazón en libertad.

Déjame Señor poderte dar
mi presente, mi futuro y mi ayer
:
es mi vida entera que quiero ofrendar
a ti mi Dios, mi único Rey.

Y ahora quiero subir

hasta la Cruz que Tú me das.
Gastar mi vida para ti
:
yo tengo sed de eternidad
.
Y ahora quiero gritar

hasta perder la razón.

Mi alma entera despojar
y como tú morir de amor.

10. Despojado (Estación X)
Autor: Beto Sols
Compositor: Beto Sols
Intérprete: Javier Trigo e Iñigo Guerrero

La Cruz sigue siendo para muchos de nosotros un escándalo y un absurdo. Nos empeñamos en buscar pruebas: “¿existe Dios? ¡demuéstramelo, dame un signo!”. Pero Dios no se ha querido revelar a nuestra manera, sino que, una vez más, rompe nuestros esquemas.

La misma creación nos habla del Creador. Sin embargo, Dios no nos ha dado una prueba tangible de su existencia, sino que ha ido muchísimo más allá: nos ha dado una prueba de su amor. Y el signo de ese amor es la Cruz: el Hijo de Dios clavado en un madero, sin nada, despojado de sus vestiduras, sin sangre ya que derramar. Vino al mundo desnudo, y se fue de él desnudo también. No le queda nada más por dar. La entrega es total.

La Cruz… ¿un escandalo? ¿un absurdo?… No, más bien una victoria del Amor sobre el pecado y sobre la muerte., una prueba de amor, un triunfo sin precedentes en la historia de la humanidad cuyo lema es “¡Dios te ama y te lo perdona todo!”.

Y ahora, contemplándote despojado de todo rango en esa Cruz gloriosa, te digo: “Déjame Señor poder cubrir el desnudo de tu cuerpo en soledad. No tengo más manto para darte aquí que un corazón en libertad”. Un corazón, Jesús, para decirte… que te quiero… que te quiero… que te quiero.

La medida del amor (Estación XI)

¿Cuál es la medida del amor?
¿Cuánto alcanzan los latidos del dolor?
“Padre mío, dales tu perdón.

Aún no saben que esas manos son de Dios”.

Se conmueve el universo en cada golpe
y el silencio deja hablar al corazón.
Un madero y unos clavos empapados
de la sangre del más bello Redentor.
Tu dolor me vuelve loco,
me da vida, y sin hablar me enseña todo
lo que puede un corazón,
la medida sin medida del Amor.

En la Cruz clavaron el amor
,
y un abrazo se hizo eterno en mi dolor.
Clávame contigo, mi Jesús,

quiero darme y darlo todo como Tú.

Se conmueve el universo en cada golpe
y el silencio deja hablar al corazón.
Un madero y unos clavos empapados
de la sangre del más bello Redentor.
Tu dolor me vuelve loco,

me da vida, y sin hablar me enseña todo
lo que puede un corazón,
la medida sin medida del Amor.

Tu dolor me vuelve loco,
me da vida, y sin hablar me enseña todo
lo que puede un corazón,
la medida sin medida del Amor.

11. La medida del amor (Estación XI)
Autor: Luis Poveda
Compositor: Luis Poveda
Intérprete: Miguel Morato y Jaime Echánove

Un golpe, y otro, y otro más… Dios se deja hacer como si Dios no fuera. Sangre de Dios salpicando aquellos clavos y el madero y el fragor del universo. Risotadas de soldados. Llantos y blasfemias. (Estira más el brazo. Muy bien, así mejor. Descoyuntadlo…) Sangre de Dios resbalando por el suelo, por los cuerpos asesinos, por mi cuerpo. El mundo gime con asombro ante el misterio. La noche se agiganta. Qué silencio… ¿Cuál es la medida del Amor? ¿Cuánto alcanzan los latidos del dolor…?

Dales, Padre mío…, tu perdón…, aún no saben que esas manos son de Dios…

Cristo cuelga de la cruz como un abrazo. Su dolor me vuelve loco en ese gesto. El más bello de los hombres, el más loco de los hombres, con sus clavos me da Vida, sin hablar me enseña todo lo que puede un corazón… La medida sin medida del Amor.

La muerte en la Cruz (Estación XII)

Instrumental

12. La muerte en la cruz (Estación XII)
Autor: –
Compositor: Enrique Vilches
Intérprete: –

Por alguna razón se nos presenta la muerte como la antítesis del vivir, su radical opuesto, incluso su enemiga. Ocurre también con otros “opuestos”, como la luz y la oscuridad, o el silencio y el sonido. Sin embargo, si nos paramos a pensar y a observar la realidad estos llamados opuestos son más bien cooperadores, colaboradores, aliados de la Belleza. Solo cuando luz y la oscuridad se alían, juegan, se mezclan y chocan son capaces de crear los objetos que vemos. La luz por sí sola no puede darle relieve ni forma a los seres. El fruto del baile entre silencio y sonido es la palabra, y la palabra en definitiva es la música. Sin silencio no habría palabra, sin silencio no habría música.

Del mismo modo, la muerte es a la Vida lo que el silencio a la música o la oscuridad al objeto que se aprecia. Si erradicas los silencios de una melodía, desaparece la música y solo queda ruido. Lo mismo ocurre si le quitas la oscuridad a los seres. Humanamente solo le podamos dar cierto sentido a nuestra vida siendo conscientes de su finitud, de su temporalidad, de su mortalidad. Y si bien esto es en parte cierto, no es cierto completamente, pues el hombre no se conforma con vivir temporalmente. El hombre tiene sed de infinitud, porque está hecho a Imagen y Semejanza de la Infinitud.

La misión de Cristo, Dios hecho carne, se cumple con su muerte en la cruz. “Todo está cumplido” (Juan 20, 30) dijo justo antes de morir. Dios no necesitaba hacerse hombre para salvarnos, para darnos una Vida nueva. Y sin embargo lo hizo. Pero Cristo no se hizo hombre para vivir con nosotros, sino para hacerse mortal, para experimentar la muerte, y siendo el Dios de Vida eterno, vencer nuestra muerte con su muerte, una muerte de amor crucificado y así darnos su Vida Eterna. Eso es, Dios muere como el hombre para que el hombre viva la Vida de Dios. Porque sin muerte no hay Vida.

Madre (Estación XIII)

Madre, ¿qué vale todo el universo y el poder
frente a una sola llaga de tu Hijo?
Madre, ¿qué ven tus ojos cuando lloras junto a Él,
cuando le besas todas las heridas?
Madre, quiero ver lo que tú ves.

Madre, ¿a dónde fueron las palabras que escuché?,
¿a dónde fue el calor de sus latidos?
Madre, ¿a dónde fue tu Amado?, yo lo buscaré,
y lo pondré al abrigo de tus brazos,
Madre, donde Dios quiso nacer.

Mécele en tus brazos esta noche como ayer,
bajo el frío y el misterio de Belén.
Sólo con su sangre volveremos a nacer,
con la sangre de Jesús de Nazaret.

Madre, yo bajaré temblando a Cristo de la Cruz,
lo cubriremos juntos de caricias.

Madre, me asomaré al costado abierto de su amor,
y miraré lo cielos nuevos
donde adoran a tu Hijo vencedor.

No hay dolor tan grande comparable a tu dolor,
no hay más vida que la muerte por amor.
Cuando todos huyan, cuando pierdan la razón,
velaré contigo el Rostro de mi Dios.

Madre, átame fuerte con tus brazos a la Cruz.
No quiero más tesoro que sus clavos.
Madre, quiero mirarte cuando no encuentre la luz,
y recorrer contigo cada paso,
Madre, del camino de la Cruz.

Guárdame en tus brazos esta noche junto a Él,
venceremos a la muerte con la fe.
Calmaremos juntos el deseo que escuché
de sus labios que aún repiten “Tengo sed”,
de sus labios que aún me dicen “Tengo sed”.

13. Madre (Estación XIII)
Autor: Luis Poveda
Compositor: Luis Poveda
Intérprete: Luis Poveda y Sofía Ardanza

La Madre de Jesús está al pie de la Cruz, de rodillas, contemplando…

Hijo mío, mi Dios…

Un velo de dolor lo envuelve todo. Me acerco tembloroso. No sé qué decir. La miro a ella, le miro a él.

Él nos mira.

Quiero llorar y no puedo, quiero abrazarla y no puedo.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Yo, el pecado y el pecador. Yo la lanza y el madero y cada clavo. Y Jesús todo Vicario, todo Amor, todo “por ti vale la pena, cualquier muerte”.

Cualquier muerte. Hasta la Cruz.

Quiero llorar. Y lloro. Lloro sin vergüenza, como un niño.

Y me abrazas, Madre, me consuelas.

Y me enseñas a mirar, a mirar… ¿Qué vale, Madre, el universo y el poder frente a una sola llaga de tu Hijo? ¿Qué vale todo ante esa llaga que supura con mi nombre?

Sí, Madre, yo bajaré temblando a Cristo de la Cruz… Lo cubriremos juntos de caricias.

Me abrazaré al costado abierto de su Amor, y miraré los cielos nuevos donde adoran a tu Hijo, vencedor…

Pero ahora, Madre, en esta noche, con los ojos arrasados de tristeza, guárdame en tus brazos junto a Él… Venceremos abrazados a la muerte con la fe. Calmaremos juntos el deseo que escuché de sus labios que aún repiten “tengo sed”…, de sus labios que aún me dicen “tengo sed”…

Donde estás Tú (Estación XIV)

Sin nada viniste al mundo, sin nada te vas,
ni tan solo donde reposar.

En hora de soledad, de abandono total,
yo quiero dar la cara por ti.

Quiero estar donde estás Tú,
desclavarte de la cruz
.
Con todo el amor que me das Tú,
envolverte con mi vida,
enterrarte dentro de mi corazón,
de donde nadie te pueda sacar,
para que así puedas descansar.

Ahora todo ya ha pasado, ya somos hijos de Dios,
se ha cumplido nuestra redención
.
Tú has muerto por mi, Jesús,

mi esperanza está en la cruz,
¡quiero que en mi alma vivas Tú!

Quiero estar donde estás Tú,
desclavarte de la cruz
.
Con todo el amor que me das Tú,
envolverte con mi vida,
enterrarte dentro de mi corazón,
de donde nadie te pueda sacar,
para que así puedas descansar.

Quiero ser como tu madre, que te cuidó hasta el final.
Ser como Tú y dar la vida para acabar con el mal.
¡Resucita en mí! ¡Ven ya!

Quiero estar donde estás Tú,
esconderte dentro de mi corazón,
de donde nadie te pueda sacar,
para que así puedas descansar.

14. Donde estás Tú (Estación XIV)
Autor: Alicia Blázquez
Compositor: Alicia Blázquez
Intérprete: Alicia Blázquez, Cristina López de Corral

Cuando Don Josepe me pidió que compusiera una canción para el Vía Crucis fue como ¿Yo? ¿Componer una canción del Vía Crucis? La idea de describir una estación de la pasión de Jesús me pareció una responsabilidad enorme, pero ahí estaba yo esperando la inspiración.

Estuve prácticamente un año intentando componer algo sin éxito, hasta que en un retiro, el viernes por la noche hicimos el Vía Crucis y lo viví de una manera muy intensa. Esa noche fue súper especial, viví mucho el camino a la Cruz y la pasión de Jesús en mi corazón, y fue a la mañana siguiente, durante el retiro, que el Espíritu Santo me susurró esta canción.

Parece mentira, humanamente te pasas un año intentando escribir una canción sin llegar a nada y Dios se las arregla en menos de una mañana.

Esta canción recoge el deseo de, en el momento en el que Jesús se encuentra sólo, sin nadie que le dé un lugar tras su muerte, darle refugio en nuestro corazón, para que pueda descansar en él. 

En ese momento de abandono total, también hay un deseo de dar la cara por Él, ya sea en el trabajo, en el colegio, en la Universidad, con los amigos… dar la cara y no rechazarle ni abandonarle nosotros también, como hicieron la mayoría de los apóstoles. Desclavarle de la cruz y envolverlo delicadamente con nuestra vida, intentando llevar una vida que sea suave y agradable para Él y con esa vida envolverle en un cálido abrazo lleno de amor y gratitud por todo lo que ha hecho por nosotros. 

Entregarle nuestro corazón para que descanse en él y así nosotros descansar con Él. Para que entre en nuestro corazón y no se vaya nunca, que nadie lo pueda sacar de nuestro interior y así cada vez nos parezcamos más a Él y sea Él quien viva en nosotros. 

Soy libre (Estación XV)

Mi mejor amigo decidió morir por mí,

cargó con mi castigo para que yo pudiera vivir.
No viniste a juzgarme, me viniste a salvar.
Y ahora lo que más quieres es que yo me deje amar.

Abrázame, hoy me dejo querer.

Todos mis pecados arden
en el fuego de tu amor.
Y siempre que yo me caiga
Tú me levantarás.

Coronado con espinas, vestido de dolor,
en tu último suspiro mi mundo se apagó.
Pero al tercer día, un gran ruido se escuchó,
fueron ángeles cantando: ¡Jesús resucitó!

Oh abrázame, hoy me dejo querer.

Todos mis pecados arden
en el fuego de tu amor.
Y siempre que yo me caiga
Tú me levantarás.

Quiero volver a nacer en ti, quiero volver a nacer en ti,
quiero volver a nacer en ti.
¡Ahora soy libre! ¡Ahora soy libre
!
¡Porque tú me haces libre!

Todos mis pecados arden en el fuego de tu amor.

15. Soy libre (Estación XV)
Autor: Pablo Pons
Compositor: Pablo Pons
Intérprete: Pablo Pons

La canción habla de lo que realmente pasa, lo sintamos o no, en una simple confesión. Este sacramento es la fuente de la verdadera libertad.

Volver a nacer en Cristo a través del perdón de los pecados es lo que realmente te hace libre.

No tengamos miedo ni vergüenza a acercarnos al sacramento de la reconciliación, Jesús dijo “no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo” dejemos que ¡Él nos abrace!

Por mí, por ti (Estribillo)

ENTRE ESTACIÓN Y ESTACIÓN

Toda tu carne herida por mí,

toda tu sed clamando por mí.
Naceré de nuevo con tu sangre, Señor,
¡libre para siempre por tu Amor!

Toda mi vida sólo por Ti,

cada locura sólo por Ti.
Arderé en la Gloria de tu Cruz, mi Señor,
¡libre para siempre por tu Amor!

16. Por mí, por ti (estribillo)
Autor: Luis Poveda
Compositor: Luis Poveda
Intérprete: Nacho Martín de la Torre, Borja Martínez, Jaime Echánove, Blanca Alesanco, María Soria y Teresa Borrego.

Todo lo hiciste por mí. En cada latigazo era mi nombre el que saltaba en tu cabeza. El reguero de tu sangre dibujaba mi perfil, mi biografía.

Y las espinas y los clavos y la sed…todo por mí, solo por mí.

Dios sediento hasta el extremo por mi vida. Dios mendigo de mi amor desde la Cruz.

Por Ti la libertad y la victoria se levantan. Por Ti me abrasaré de eternidad y de alegría. Por ti cada locura se hace Gloria enamorada. ¡Por ti la Cruz es canto que me lleva hacia la Vida!

Grabado en Iglú Producciones e Infinity Estudios
Mezclado y masterizado por Iñigo Guerrero en Iglú Producciones.
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Arte y diseño por Santiago Urgel
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Proyecto coordinado por José Pedro Manglano, Jaime Echánove y Cristina López de Corral.
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Pianista: Purita Echánove
Violinista: Andrea Szamek-Nagy
Guitarristas: Iñigo Guerrero y Jaime Echánove
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Arreglos de violín: Iñigo Guerrero y Miguel Ángel Gómez
Arreglos de piano: Iñigo Guerrero, Jaime Echánove y Miguel Ángel Gómez
Arreglos de guitarra: Iñigo Guerrero, Pablo Pons, Sofía Poch, Luis Poveda, Borja Martínez, Rafael de la Cruz, Gonzalo Vázquez, Jaime Echánove, Santiago Urgel y Alicia Blázquez.

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Se han mencionado muchos nombres en el libreto, pero, a decir verdad, son muchas más las personas implicadas en este proyecto. Han sido tres años de mucho trabajo en la composición, maduración y grabación de los temas. Ha sido crucial cada rato de oración, opinión, punto de vista y sugerencia. Cada granito de arena que ha ayudado a la creación de éste Via Crucis ha sido imprescindible.

Qué interesante entrar en la silenciosa música que sonó en la intimidad del más bello de los hombres. Sólo el espíritu puede hacerlo, y ojalá esta música pueda ayudarle a entrar y a educar nuestras almas. Ojalá nos ayude a todos a acercarnos más a Él, a comprender lo que Él vivió.

No es un proyecto estético. Hemos querido palpitar con la pasión escondida en el corazón de este inocente reo de muerte. Y desde nuestro corazón herido hemos rezado, y desde esos rezos, hemos compuesto. Reconocemos que para escucharlo como hay que escucharlo, hace falta mucho valor: abre el corazón, escucha, y a ver si aguantas.